sábado, 25 de enero de 2014

Cuando el sufrimiento produce discernimiento y liberación

El sentir antes de la liberación de limitaciones egocéntricas, suele ser muy intenso, con gran agitación de pensamientos y emociones contradictorias, pasando por estados de tozudez, ira, depresión, culpa, y vergüenza. Estas vivencias de sufrimiento, pueden irse generando progresivamente hasta llegar en algunos casos a niveles que parecen insoportables. También estas vivencias pueden ir pasando sin reconocerlas, como ideas, y estrategias egoístas que buscan afirmarse y compensarse con placeres o alegrías momentáneas, que defienden un yo dolorido y acomplejado. Estos estados provocan el rechazo externo y la humillación interna, pero cuando se vive como odio, rencor e ira hacia el otro, indica también que eso que uno ve en el otro, es un indicador de lo que uno tiene en sí mismo no reconocido, y posiblemente no liquidado.

 La liberación de esos estados por comprensión de que no se podía hacer mejor debido a que es el conjunto de todas las circunstancias, lo que producen esas vivencias, quedándose en un estado de entrega, ternura, o autentico perdón. La experiencia puede ser entonces de expansión, gozo, presencia intensísima de amor-lucidez. Llegando a ver hasta allí…o más allá.

Pobre de Espíritu

La falta de reconocimiento de la realidad y esencia de vida, eso que es personal, impersonal, inmanente y trascendente, la poca confianza intima directa de Ser, muchas veces independiente de la retórica del pensamiento, confundida a veces por el “orgullo” de ser. Eso que a veces se manifiesta como poco ímpetu, indecisión, falta de paz interior, inseguridad, falta de expresión afectiva, firmeza de realidad presente etc. Eso que muchas veces consciente o inconscientemente decimos -pobre de espíritu-…a ese intuido o reconocido espíritu divino que lo anima todo, que se dice a veces falta de espíritu. Esas crisis espirituales, o crisis existenciales, que no son más que crisis de creencias, y que llevan a un abatimiento personal y vital. Todo eso que muchas veces por falta de comprensión llamamos o peor todavía etiquetamos como que es un pobre de espíritu. Espíritu, (no un espíritu) lo somos todos, y el proceso de reconocerlo está abierto. 

Liberarnos de dogmas, creencias, idealismos fanáticos, identificaciones limitadas, y miedos obsesivos, es una posibilidad. Aunque las cosas como son, son (“ser”), la posibilidad de reconocerlas en su esencia de totalidad también Es, y la abertura a la “riqueza” espiritual libre, no manipulada por el miedo, la culpa, el complejo de inferioridad o superioridad, y la falsa humildad, es también posible de realizar. La bondad, la compasión por comprensión, y la sencilla felicidad de ser, conjuntamente con una fuerte firmeza interior-exterior, se pueden reconocer, Ser.

jueves, 23 de enero de 2014

Respeto, unidad e independencia

Respeto a todo modo de ser, por el hecho de ser, podría plantearse como correcto desde la visión del derecho propio de ser algo o “alguien”. Satisfacer las necesidades de existir y de expresar un ver y un sentir, debería de ser lo obvio desde la visión del respeto a ser. Pero que sucede cuando unas necesidades, o exposiciones chocan con las necesidades y exposiciones de lo que llamo lo otro, los demás, etc. El arte del respeto mutuo y la aceptación de todas las posibles diferencias, siempre que no sobrepasen la línea del respeto mutuo, es digna de ser investigada. La imposición, la intolerancia, el autoritarismo con la idea de un bien común, debería de ser mirado con detalle, pues el derecho de ser debería de ser siempre comprendido si aparece el intentar no dejar que se sea del modo que sea.

 En esta multi-pluralidad existencial o unidad de aparentes diferencias (unidad de versos) que es el milagro del existir, y ¡existe!, la independencia “relativa” forma parte de la existencia y es necesaria para el buen funcionamiento del existir, la independencia siempre condicionada a existir (la unidad existencial). La independencia es adquirir un rol de afirmación existencial, si no, se puede llegar a la dinámica de desaparecer o hacer desaparecer. Convivir es compartir inteligentemente para poder reafirmar la individualidad, en beneficio de la expresión de la totalidad, como es el juego-gozo de existir.

miércoles, 22 de enero de 2014

La sencilla actitud positiva realista

Ver, o ser consciente de… (Consciencia), sentir, con todo su gran abanico de sensaciones o percepciones sensitivas (posibilidad de Amor), y actividad, toda posibilidad de acción (Energía), son entremezclándose las bases de la experiencia del vivir. Estos principios forman parte de la plenitud del ahora, él ahora está lleno de posibles Sensaciones (por supuesto con su indicador inevitable y muchas veces equilibrador, el dolor o sufrimiento), Concienciaciones (reconocerse en todo), y Actividad (vibración, movimiento, dedicación…). Podemos ser conscientes deliberadamente en el ahora, de estos principios o bases existenciales. Hay una plenitud de respiración, de color, de formas, etc. ahora, ser plenamente conscientes de ello (la sencillez inmediata de ser), casi como si se experimentara por primera vez, y aumentar la capacidad de estar atento a este momento presente, aunque sea por un breve espacio de tiempo.

 Ampliando la experiencia sencilla del ahora independientemente de la carga pensamiento-emoción, sin forzar excesivamente (lo que se pueda, ahora). Reconocer ese ver, sentir, actuar es la vida, ¡que es lo que soy! Conjuntamente con esa posibilidad de ser más consciente (regocijarse y reconociéndolo) de la base del ahora, hacer lo que convenga hacer, o se crea que se debe de hacer, pues eso (lo que se haga), en este momento será lo correcto.

El inconsciente negativo

Generalmente toda posible angustia, irritación o tristeza, tienen su base en las primeras vivencias de vacío o soledad afectiva, y también de frustración o tensión por impotencia (incapacidad de lograr, solucionar, hacer…) y por ultimo de creerse o sentirse como identidad “poco”, menos que nada, culpable de ser así de deficiente. Todo esto aunque no se pueda distinguir conscientemente, está ahí inconscientemente, y tiende a buscar situaciones o interpretaciones para volver a revivirse. Esto parece paradójico conscientemente, pues conscientemente se desea el bien, el gozo o el amor en cualquier de sus aspectos. Conscientemente se puede ver más fácilmente la proyección opuesta a esa angustia inconsciente, como por ejemplo los deseos exaltados de demostrarnos y demostrar (a los demás) que somos importantes, más que… (Orgullo) que tenemos valor y somos esforzados (Prepotencia) y que somos queridos, e intentamos conseguir que nos quieran (Vanidad). Estos mecanismos psicó-emocionales toman infinitud de formas que se repiten en diferentes aspectos de nuestra vida, y la vivencia de eso es triple. Una es vivir la parte más dolorosa compuesta por la angustia, irritación o tristeza. Otra es vivir el estímulo, la estrategia o el deseo para lograr demostrarme y mostrar, mi valor, admiración o cariño. Y por último podemos vivir momentos gratificantes psicó-emocionales de creer y sentir haber logrado el deseo.

 Todo este mecanismo tiende a repetirse, y aun consiguiéndose comparativamente unas circunstancias muy favorables, la angustia general no desaparece. La posible disminución de esa angustia, irritación o tristeza, es que fundamentalmente seamos lo más conscientes posibles de este mecanismo, y des-identificarse de la idea negativa y errónea de ser, para reconocerse como vida en su totalidad.

martes, 21 de enero de 2014

Lo que Es

En lo que es, que realmente es lo que hay, toda posibilidad está abierta, y la autenticidad es el instante presente. Aunque todo tipo de proyecto, deseo, etc. forma parte de lo que es, reconocer lo que Es, libera el pensamiento obsesivo del remordimiento del pasado, y la preocupación del futuro, aceptando el momento presente con toda espontanea naturalidad. La idea de yo queda relegada a un plano funcional, el momento presente se convierte en una totalidad en sí misma, sin buscar ningún supuesto estado más real o iluminado.

 Cuando se reafirma la auténtica identidad, desaparece el aparecer y desaparecer en Eso que es más allá del olvido, en una imposible descripción de la absoluta realidad.

Diferencias sociales negativas

El egoísmo de ser alguien más que…de tener más que…estar por encima de… y gobernar a los demás…que me obedezcan para gozar de todos los posibles privilegios, a costa de que los demás estén viviendo condiciones miserablemente e innecesariamente dolorosas. Esto es el indicativo de la visión egocéntrica que todavía reina en la mente humana, provocando las diferencias sociales negativas. El egoísmo de provocar sufrimiento como venganza del propio, o por menosprecio al otro, interpretando que uno es más que, y así “calmar” el sentirse menos que…conjuntamente con la falta de entendimiento del respeto y colaboración en el vivir, porqué la vida la somos. Eso nos lleva a la desigualdad de posibilidades e intransigencia en derechos y necesidades básicas. La falta de visión de esa unidad de conciencia (la vida), provoca en gran parte el sufrimiento humano y las diferencias socio económicas que conllevan a dolor innecesario. De ahí la importancia de comprender nuestro egoísmo, y reconocer la unidad de conciencia, erradicando el sentimiento de culpa y favoreciendo la lucidez constante.

lunes, 20 de enero de 2014

Libertad de pensamiento

Libre pensamiento es estar libre de todo pensamiento, y desde ahí, pensar como resultado individual de la experiencia acumulada, en la expresión singular de lo que se ve ahora. No tener necesidad de defender ni atacar ninguna idea, estar libre de creencias o endiosamientos personales. Saber que lo que se piensa es relativo a lo que se es, y no tener necesidad de defender una idea como si fuera la identidad. Ser presencia de vida, en libertad del mirar y pensar, libre de condicionamientos repetitivos, o ideas de valor poco reflexionadas.

 El saber de la clara diferencia entre el mirar y pensar, más el resultado de la asimilación y discernimiento de la información recibida, es la base para el libre pensamiento o pensamiento libre.

domingo, 19 de enero de 2014

El mundo

El sufrimiento individual es el sufrimiento del mundo. No hay otro mundo que mi mundo, con todos sus matices e interpretaciones. Saber que todo es mi mundo, la vida, la conciencia o mí consciencia, es consustancial a la posible liberación o reconocimiento. Esta experiencia, mi mundo: ¿Qué es lo que verdaderamente me hace sufrir y por qué? ¿Qué me hace gozar, amar o ser feliz y por qué? ¿Qué veracidad hay entre lo que siento, pienso y expreso? ¿Qué me limita, y qué verdaderamente quiero? ¿Cómo vivo la culpa, el orgullo, y el miedo? ¿Qué es verdaderamente la libertad para mí? ¿Qué reconocimiento hay del dolor conscientemente producido como yo, que es o será mi dolor inevitablemente? ¿Qué comprensión hay sobre la idea de yo? ¿Qué es lo que realmente me gustaría comprender? ¿Descubrir lo que sucede me permite cambiar lo que sucede?

Ver la identificación personal como un aspecto de mi mundo, aumenta la eficacia de la investigación sobre la fuerza inconsciente, ampliando la aceptación (no la conformidad) y relativizando las experiencias en una considerable mejoría del vivir. Lo que ha surgido como personal o impersonal, es sustentado por su base trascendente e inmanente, reconocer eso puede “Ser”

Abrazo

Así puede ser.