sábado, 1 de febrero de 2014

Cuando crees que te ha tocado la peor parte

Cuando el agradecimiento de que la vida no me haga vivir todo el dolor o sufrimiento que pueda aguantar, no es suficiente, y creo que me ha tocado la peor parte de la historia. Cuando la comparación de situaciones peores a la mía, compensa momentáneamente el sufrimiento. Cuando la obsesión en ser el más desgraciado, solo se detiene, en una máxima de dolor, o sufrimiento. Cuando no se aprende discerniendo, si no sufriendo. Cuando la plenitud de la sencillez del ahora, queda relegada por la fuerza de la identificación negativa, el ego. Cuando la culpabilidad provoca consciente o inconscientemente situaciones o remordimientos repetitivos de sufrimiento. Cuando la exigencia o el exceso de responsabilidad ahoga el presente. Cuando la situación que se vive es muy crítica, por enfermedad o pérdida. Cuando la injusticia te parece tan flagrante que irrita considerablemente.

 Todas estas situaciones a veces necesitan un intenso contraste que relativice, y aparezca un reconocimiento de posibilidades no vistas, en un surgir la fuerza del amor, de la esperanza y la paz de la aceptación. Siempre puede haber una posibilidad para minimizar el dolor o sufrimiento.

Amor

La vida vive en el amor o el amor es vida. Toda afirmación de vida o defensa del vivir es amor. El amor es la base del sentir, el gozo, el placer, la alegría, y la belleza son los aspectos más conocidos como el bien del vivir, que no son más que, Amor.

 El amor como la fuerza de resistir, es la ternura en la expresión, es la solidaridad en la relación, es la humildad en la afirmación, es la tolerancia en la limitación, es la solución al odio, es el éxtasis en el sentir, es el posible porque del existir, es la dulce mirada de la compasión, es el latido del “corazón”, es la fuerza original en el despistado egoísmo, es la única posibilidad a la paz y felicidad, es la verdad del compartir, es la entrega, el darse. Inconscientemente muchas veces es la fuerza de todo deseo o querer. El amor es el compañero inevitable de la auténtica sabiduría.

 Solo el amor y la comprensión favorecen el perdón y la desculpavilización. El dolor y el sufrimiento (una intensidad del sentir) que son un bien existencial como indicadores de des-armonía, pueden llevar a la ira, al odio, a la erróneamente entendida maldad, y solo el discernimiento de la verdad del amor diluye ese sentir. Reconocer que constantemente hay una posibilidad para el bien y que simultáneamente todo está bien, es vivir la auténtica aceptación (no conformidad) en la vida, el amor, el Ser. El amor es la conciencia de unidad, en la experiencia de la multiplicidad.

viernes, 31 de enero de 2014

"YO" Investigación, experienciación

Yo es la silaba más pronunciada y yo es casi siempre el punto de partida de todo discurso mental, este yo está asociado a lo que se piensa, se siente, se hace. El pensamiento y yo normalmente forman una unidad de ser, yo soy lo que pienso, yo soy lo que siento, yo soy lo que hago. Cuando hay pensamientos, sentimientos y acciones contradictorias, yo soy la contradicción. Yo también es una cadena de memoria que hizo, sintió, y pensó. Yo es un cuerpo, y un cuerpo según la memoria que se va modificando, pero un cuerpo que piensa, siente, y hace. Cuando se dice yo estoy pensando, yo estoy sintiendo, o yo estoy haciendo, se crea una distancia entre yo, y el pensar, sentir, y actuar. Yo estoy, es un yo (¿qué es este, yo?), y un estado, un estado que cambia (un estar). Normalmente este yo se asocia a un cuerpo, este cuerpo que fui y que es el que tiene estados.

 Yo este cuerpo cuando se experimenta o concentra en el sentir relajando y sintiendo el cuerpo, la experiencia de sentir tiene, matices, intensidades en un campo-espacio de sentir de infinitas posibilidades de sentir. Yo este cuerpo cuando se concentra-experimenta en el pensar, y luego en el ver o mirar que piensa, el mirar se expande en un campo-espacio de visión con matices de oscuridad, claridad, forma o color, pero en definitiva un espacio de visión. Yo este cuerpo cuando se experimenta en el hacer, manteniendo relajación y quietud corporal, la acción se vive en la respiración, en los latidos del corazón, en una intensidad campo-espacio de fuerza, o energía potencial. 

 Este campo-espacio de sentir, ver, actuar se puede experimentar como un espacio-campo unitario que se entremezcla ver-sentir-actividad, como un foco total de experiencia. Este foco de experiencia más global se puede experimentar conjuntamente en un aparecer y desaparecer pensamientos, emociones, visiones-formas, sonidos, y también eso a lo que llamamos silencio, que no es más que la base de potencia existencial. Aunque hemos partido de yo cuerpo y es de momento a través del cuerpo, el yo, como yo-experiencia se convierte en espacio-campo de visión-sensación-potencia. 

 Esta visión-sensación-potencia se puede vivir en intensidad, o como olvido, en un muy parecido, dormir sin soñar, aquí la experiencia de olvido es como un, no sé. Esa experiencia o yo puede tener dos aspectos, presencia u olvido (no sé). La presencia se simultánea como darse cuenta, y lo que te das cuenta, pudiéndose vivir dos en uno y uno en varias (experiencias) y a ese reconocimiento le podría llamar también, yo como principio de experiencia no dual (entre darse cuenta y lo que te das cuenta). Yo como principio esencial y total de experimentación. Por supuesto que están las ideas de que yo soy, fui, nací, “cuerpo-mente” eso tiene una fuerza de yo muy fuerte, pero se pueden ver como ideas asociadas a unas experiencias y matizablemente interpretadas. 

 Yo como una realidad ahora experimentable, sin creencias (las que sean), se puede realizar como darse cuenta conjuntamente con lo que te das cuenta, presencia o presenciación, en una mayor o menor intensidad, y que toda intensidad de cualquier vivencia-experiencia viene, o es, este principio. En este principio o presencia-conciencia podemos reconocer lo que hemos llamado olvido o no sé (nada), que parece ser lo más difícil de realizar, y que se puede realizar como: Un olvido que es intensidad o una intensidad que olvida todo. Eso como “Yo” es posible reconocer. 

 Esa silaba “Yo” cargada de ideas, emociones, y acciones como “yo alguien” separado de…puede quedar reducida a conceptos, y un concepto, es…un concepto.

jueves, 30 de enero de 2014

El estado de no sé

Todos los conocimientos, exposiciones, disertaciones, reflexiones o análisis del saber, aparecen en un estado base, vacío de contenidos, que se puede indicar como estado de no saber. Este estado de no saber, es la base del vivir, cuando todo funciona espontáneamente, cuando no hay necesidad de saber el cómo y porque de nada, el reconocimiento directo y simple del estado del vivir es “no sé”, todo se reabsorbe en, no sé, todo aparece en, no sé. No sé, es lo que más se sabe, saber que no sé, es más saber que saber de algo. Puede ser muy interesante para diluir la gran necesidad-tensión creada por querer saber, y el complejo de superioridad o inferioridad por el hecho de saber o no saber, el reconocer el estado de no saber. Un ser humano puede tener muy pocos conocimientos comparativamente, y estar en un estado de sabiduría esencial y felicidad excelsa, que otros muchos desearían aun teniendo muchos conocimientos y capacidades de análisis o exposición de conocimientos brillantes.

 Muchas veces esa sencillez y sabiduría esencial sobre la vida y el vivir, es buscada y deseada. El comprender o reconocer esta sabiduría esencial, puede llegar a ser mucho más valorada que todos los conocimientos intelectuales posibles, y una mente brillante en conocimientos puede ser como popularmente se dice una “alma en pena”, y a veces esa intelectualidad es la que dificulta más el reconocer la sabiduría esencial. Todo saber se reabsorbe en el estado de no saber, aunque saber es muy interesante como recreación del vivir y puede ser usado para el bien común en este juego del experimentar, reconocer el estado de no saber cómo valor intrínseco, pues es madre del saber, es fundamental para la paz, que es la base de la felicidad.

miércoles, 29 de enero de 2014

Educación

La enseñanza en la transmisión de un patrimonio cultural-conocimientos y la de unos valores humanos, basados en el respeto y la convivencia entre las personas, y el medio ambiente-naturaleza, en una justa medida de posibilidades para todos, es una parte importante de la educación. Pero la educación de relación directa familiar, o personas intimas, y cercanas en el trato del vivir, es fundamental para unas posibles bases sólidas-sanas psicológicas y emocionales.

 El educar en el ejemplo…de respeto, tolerancia y cariño, y no estar obsesionado en la exigencia, y la obligación de hacer muchas actividades. El liberarse de inseguridades-tensión en el trato, y ser lo más espontáneos con la máxima de naturalidad (no planear el trato), es fundamental. Ser lo más posible nosotros mismos en la relación, a sabiendas de la peculiaridad del niño-educando-persona. Aunque queramos imponer un tipo de pensamiento, lo que de verdad se trasmite es nuestro estado personal. De ahí que trasmitiremos “educaremos” en relación de nuestro estado de conciencia.

 El respeto al ser por encima de todo, en todos los modos de ser, es más importante a veces que los conocimientos, memorizaciones, modelos idealizados, y competir-actividades. No trasmitir una obsesión por el futuro. Si indicar, una dirección y esfuerzo-aprendizaje-creatividad para un supuesto futuro, sin dejar de reconocer el presente como valor real. Propiciar espacios, tiempo, para la mirada tranquila, “el no hacer nada”. Lo fundamental es adquirir la máxima de independencia (no aislamiento), y la máxima de felicidad. Este es el mejor deseo para la educación desde el amor, poder vivir en la máxima de independencia-felicidad.

Presente, Pasado, Futuro, y Eternidad

La esperanza en el futuro como ideal de mejorar en el ámbito que sea, tener una experiencia de mayor felicidad. El aprender de las equivocaciones y el regocijarse en los aciertos o momentos de felicidad del pasado. El vivir un presente con más alegría y asertivamente. Reconocer que el pasado, futuro, y presente se experimenta en eso que es eterno, y que los incluye y trasciende simultáneamente. Ese reconocimiento otorga una peculiar soltura en la experiencia. Lo eterno es ese punto de inflexión absoluto, como autentica identidad o realidad (aquello que se mantiene constante e inalterable en todo momento y circunstancia), eso que transciende e incluye simultáneamente. La vivencia futura ultimada de toda forma individual es la absorción en lo eterno. El pasado más auténtico o su principio, es lo eterno.

 La realidad más central del presente es lo eterno. Realizar lo eterno es reconocer nuestra esencial verdad, es la auténtica espiritualidad, es el mal interpretado ideal de todo buscador, es la solución de la duda existencial (no la solución a problemas existenciales), es no necesitar apoyarse en disertaciones de personajes muy valorados, ni en filosofías o religiones, es reconocer el festival del existir como un juego, y es saberse aparte de…es dejar en su totalidad que el juego juegue, sabiendo que el juego ha sido, es, y será independientemente de lo que piense o quiera la personalidad. 

 Es la sonrisa sobre las preguntas de ¿Quién soy? ¿Qué es la realidad o verdad? ¿Qué muere? ¿Hay o no hay libre albedrio? ¿Soy responsable? ¿Qué es Dios? ¿Se puede hacer algo más? La no solución a esa problemática lleva inevitablemente a una personalidad autoexigente o frustrada, con infinidad de posibles corazas psicológicas o filosóficas.

martes, 28 de enero de 2014

Vida, morir y sufrir

El valor de vivir, es el valor de experimentar y gozar (amar), la vida se vive a si misma en su base de experiencia gozo. La base del existir en si es un jugar, experimentar, gozar (felicidad). El nivel básico de experiencia en el aquí ahora inmediato es en sí un bien (la vida como un bien en si misma), es el juego de experiencias, posibilidades, y por eso las formas de vida en su generalidad vive, también ella en sus formas particulares puede querer dejar de experimentar o termina su proceso de posibilidad de experiencia con un mínimo de calidad, y desaparece una forma de vida (el desaparecer una forma de vida, es necesario para que la vida sea vida), pues vida y muerte en si es vida. No reconocer eso, que lo que somos es vida, y estar identificados solo con una forma de vida, lleva a mayor sufrimiento. El desear obsesivamente unas experiencias en futuro y no valorar la experiencia inmediata de presente, lleva a mayor sufrimiento. El creerse y sentirse culpable por ser menos, u orgulloso por ser más, impidiendo eso vivir el presente inmediato, lleva a mayor sufrimiento. El no respetar la vida en todas sus formas, solo por egoísmo de querer tener, manipular o necesitar psicológicamente sentirse endiosado, lleva a mayor sufrimiento. El no comprender el juego del existir con sus opuestos necesarios, pues los contrastes y las oposiciones forman parte intrínsecamente del juego de existir, si no, no es vida, lleva a mayor sufrimiento. Desear un estado inalterable de sensaciones (un ideal de no afectarse), es desear lo que la vida no es, y lleva a mayor sufrimiento. Las circunstancias dolorosas de todo tipo cuando se toleran, es porque la base del vivir y el impulso a vivir, es este “querer” jugar, experimentar, amar, y cuando una forma de vida quiere desaparecer, o desaparece (morir) el no comprender que eso es vida (respeto por la vida) y apegarse obsesivamente a unas formas, lleva a un mayor sufrimiento. 

 Si alguna finalidad tiene el vivir, es ese jugar, experimentar, y amar en todas sus infinitas posibilidades. Aceptando los vaivenes (saber y gozar de las intensidades) del vivir por reconocimiento de vida, con el mínimo apego posible (no sin apego), centrándose en el valor de la plenitud del ahora (la sencillez de las cosas básicas del presente) amando el conjunto de lo que está formando mi vida (la vida), y reconociéndome como presencia de ser (no un ser) donde la vida es, lleva a menor sufrimiento.

lunes, 27 de enero de 2014

Despertar, Iluminación, Liberación, Realización

Los conceptos de despertar, iluminación, liberación, realización, son indicaciones generalmente de interpretaciones erróneas e idealizadas, que por más que se intentan exponer, difícilmente se ajustan a su autenticidad. Muchas veces debido a la peculiaridad de la identificación, con su angustia base, culpa, y sobre todo la búsqueda de un tipo de perfeccionamiento idealizado, crea un bucle mental de perseguir un estado que solo unos pocos “poseen”, y también a veces puede resultar atractivo para algunas personalidades declararse poseedoras de…, y marcar distancias sobre….La exposición de ese despertar o darse cuenta seguramente siempre será limitada e incompleta. En primer lugar se puede experimentar muchos despertares o darse cuenta, y distintas experiencias asociadas, la intensidad o aspectos depende de las circunstancias y particularidad de la personalidad (toda su carga consciente, subconsciente, y genética). Una característica a destacar es el reconocer-se-r en el despertar o liberarse del engaño o auto-engaño de la idea-emoción de lo que se es y lo que es la vida. Las experiencias de Amor-luz-unidad con todos sus matices e intensidades pueden variar.

 El reconocimiento de no dualidad con la carcajada o asombro liberador, consecuente a la lucidez sobre la paradoja mental sobre la simultaneidad y trascendencia, en eso ahora y aquí, esto es lo que es, “esto, nada más”, puede tener su peculiar impacto por contraste. La evidencia inexplicable de la esencia absoluta como la única identidad no tiene parangón. La relativización y la justa medida de comprensión sobre el entendimiento del latido (yin-yang) de la vida, en una aceptación unitaria del juego de experimentar, reconoce o realiza la experimentación de la existencia tal cual es. A la verdad de verdades más allá del más allá y más aquí que el aparente aquí, Silencio.

domingo, 26 de enero de 2014

Ser agradecido o desagradecido

Agradecimiento es vivir, desagradecimiento es una contradicción o incoherencia mental sobre el hecho de existir. Convivir, coexistir, relación, es la fuerza de la vida que celebra ser, y eso es gracia-s, es experiencias. No agradecer o dar gracias, es un conflicto del pensar por falta de reconocimiento de lo que es vivir, es un desajusten entre conciencia, coherencia y consecuencia de la evidencia de lo que es vida. El desagradecimiento suele esconder egoísmo, sufrimiento psico-emocional y confusión. Agradecer abre vida, desagradecer cierra. Agradecer armoniza, desagradecer desarmoniza. Agradecer quita orgullo, vanidad y prepotencia, desagradecer pone o reafirma egoísmo. Agradecer suaviza en un estado de humildad unitaria, desagradecer irrita en un estado que separa innecesariamente. Agradecer es estar en paz con sigo mismo, desagradecer es estar en guerra con “uno mismo”. Agradecer no pide, ni demanda, desagradecer pide inconscientemente solución de conflicto. El agradecimiento da alegría, el desagradecimiento da pena. El agradecimiento por compromiso o por búsqueda de recompensa, y el aparente desagradecimiento por despiste, ¡se nota! Dice el refrán popular, es de bien nacido ser agradecido…bien nacido a aquí y ahora. Siempre hay la posibilidad de nacer o despertar a la plenitud del ahora.