sábado, 29 de marzo de 2014

La exaltación del sentir Ser

Siendo presencia presente, surgiendo el sentir en oleadas de gozo… el amor que brota de lo íntimo y envuelve todos las aspectos de la consciencia en un intenso sentir. Cuando el gozo no surge de nada, en una intensa vivencia de Ser sintiendo. Cuando en la paz inamovible de Ser surge una sutil sensación de sentir, amor, incrementándose progresivamente, que hace que el cuerpo sienta intensamente. Colmándose de gozo la experiencia sin más, solo por el hecho de Ser. Un reconocimiento del amor como Ser en su expresión más auténtica siendo. 

 La vivencia de sentir directamente la emanación de ser, no de que algo aparentemente de fuera provoque aspectos de amor, gozo o placer; sino que es como de dentro, o un descenso en relación con el cuerpo, de un sentir, amor, felicidad que llena toda la consciencia o experiencia. Esa vivencia es reconocida por quien en alguna medida lo ha experimentado o reconocido, si no es así le puede parecer a la persona que oiga esta exposición algo muy distante y poco creíble. Todos los seres humanos han vivido aspectos del sentir genuino pero no ha sido reconocido. La carga psicológica y emocional con las inercias correspondientes, impiden ese reconocimiento y vivencia intensa del sentir íntimo de Ser. 

 También muchas veces se puede tener una interpretación de que esa vivencia es la esencia de ser, cuando la esencia de ser es paz, es la intensidad sin variación, no intensidades. La paz esencial es Aquello que es sin apoyos, sin distorsiones ni variaciones; es tan simple y tal total, que su simplicidad es su dificultad.

viernes, 28 de marzo de 2014

Piensa mal y nunca acertaras

 Pensar que tal o cual persona piensa mal, no es lo mismo que pensar mal acerca de las persona, o pensar mal sobre nosotros mismos. Si entendemos que el pensar mal sobre alguien es pensar deseando que le vaya mal, o el pensar haciendo juicios de valor, etiquetando a la persona de mala, como también el pensar mal sobre la idea de nosotros. Todos esos pensamientos siempre acaban mal en uno mismo, en infinidad de posibles consecuencias. 

 Cuando investigamos los pensamientos y sus consecuencias, descubrimos que están íntimamente relacionados con el sufrimiento que se vive en cualquier aspecto humano, emocional, físico, o circunstancial. Todos los pensamientos que conlleven juicios y etiquetas de nosotros mismos en negatividad, o una positividad basada en las ideas de superioridad, que menosprecia a los aparentemente otros; y los pensamientos de crítica y deseo de mal hacia alguien. Estos pensamientos siempre generan de una u otra forma sufrimiento en nosotros mismos.

 El pensamiento negativo básico, es la idea negativa y errónea de nosotros, a partir de la cual genera los pensamientos negativos hacia los demás o el mundo en general. Y esos pensamientos están impregnados de emociones, y posibles acciones, que se somatizan en el cuerpo físico en infinitud de posibles tensiones, dolor, o patologías. También esos pensamientos colaboran a generar unas circunstancias negativas que se suelen vivir amplificándolas y provocando más sufrimiento. 

 Aunque la persona en general hace lo que puede, y hasta que no empieza a darse cuenta reconociendo y aceptando un poco más, los patrones de las ideas falsas y negativas no cambian. Siempre hay una posibilidad a un mayor y más correcto entendimiento. Dejar de pensar en negatividad es fundamental para corregir distorsiones de la identificación. Pero el pensar ha de ser una consecuencia del ver, sino es una superposición que traerá su problemática.

miércoles, 26 de marzo de 2014

¿El ojo que ve es conciencia?

 El ver siempre es conciencia en la experiencia. Entendiendo el ver cómo la evidencia de ser consciente, ese ver es constante en toda la experiencia. La realidad de ser consciente es evidente, y es diferenciada de las experiencias por su imprenta de ser siempre la misma presencia. 

 El ojo como analogía de posibilidad de ver, es el ver mismo o el ser consciente (ser conciencia, o conciencia es). El indicativo de que si no se está consciente no hay experiencia, no hay “nada”, debería de mirarse en el hecho de “quien” está consciente, ese quien, es el despiste del reconocimiento de ser conciencia y esencia. 

 Si la presencia o el ser consciente olvida toda la experiencia, la realidad se impone como esencia absoluta, que es lo que verdaderamente permite toda presencia y experiencia continua. La realidad de ser esa esencia de presencia o consciencia, es la realidad de ser lo que se es eternamente, eso es la auténtica identidad, idéntica a sí misma siendo. La identidad es la ausencia de toda experiencia, es Eso adimensional y atemporal siendo sin experiencia, como pureza Absoluta. 

 La realidad del ver es la base de toda luz, siendo la oscuridad una apariencia de esa luz, dicha oscuridad es el aspecto de la luz que provoca la infinitud de contrastes en la experiencia. 

 La pantalla, fondo o vació donde la experiencia sucede, es la misma presencia desubicada de todo centro de experiencia. El aparente fondo o vació es presencia configurando formas de experiencia. 

 Las experiencias es el ser consciente de lo que sucede, siendo siempre presencia presente simultaneada con las experiencias. La realidad de toda experiencia la configura la realidad de presencia o el ser consciente, en una biunidad constante, pues toda experiencia está hecha de presencia o conciencia; en realidad la experiencia es la misma conciencia en forma de experiencia. 

 Las experiencias es este juego lúdico de la conciencia, que permite toda intensidad y contraste, como drama o comedia. El amanecer de la conciencia es la gloria del puro amor, que es la conciencia en forma de experiencia. 

 La vida o la experimentación, es un suceder en el “ojo” de la esencia absoluta, en este aparecer de la conciencia y sus experiencias. Y el hilo continuo de presencia consciente, indica la esencia absoluta.

 Reconociendo e investigando la evidencia de la conciencia o el ser consciente, es el ver que puede revelar la realidad de lo visto, el ver mismo, y su esencia.

martes, 25 de marzo de 2014

Modernidad y Espiritualidad

 Si los valores humanos básicos de respeto, compasión, belleza, alegría, gozo, paz, tolerancia, justicia, comprensión, constancia y paciencia, son todos ellos valores sin modas, esos valores se podrían englobar en la palabra “Amor”; amor es el valor que por simple evidencia nuca pasa de moda. La espiritualidad que se asocia a una consecuencia de vivir amor de Ser, o Dios, aunque realmente lo espiritual debería de ser el reconocimiento integral de lo que es la vida, e íntimamente reconocer o realizar nuestra realidad de Ser; no solo como creencias, rituales y normas, sino como reconocimiento vivencial de la esencia de toda experiencia; eso que somos como esencia eterna. Desde ese punto de vista, la vivencia espiritual es el valor por excelencia, es la vivencia o reconocimiento del no tiempo. Por lo tanto se podría decir que la espiritualidad trasciende las modas, porque su valor es la instantaneidad y atemporalidad, pues el espíritu de la vida es la base de toda aparente temporalidad, el espíritu es Eso que no cambia en todo cambio, incluyendo y trascendiendo todo cambio. Y la temporalidad que es la base de toda moda, es el cambiante mundo de las formas y experiencias. 

 Los modos de expresión o exposición pueden cambiar, pero lo que indican de la vivencia espiritual será siempre lo mismo. Eso que no cambia es lo que es la esencia espiritual, y aunque la indicación no es eso, la indicación debe de ajustarse siempre a ese valor de realidad. Las indicaciones como posibles modos para poder evidenciar lo espiritual, pueden ser muy variados dependiendo de las interpretaciones que hace cada personalidad cuando todavía no reconoce la relatividad del modo. Se podría destacar como modo más conveniente para la realización espiritual una seriedad y constancia en la investigación discernitiva, y los silencios de pensamiento en la atención atendida. Muchas veces ese reconocimiento espiritual puede parecer que es la consecuencia de una intensidad de sufrimiento, o un proceso de desilusión, o un impacto de experiencia amorosa, o consecuente a un tipo de práctica, pero todo eso son solo interpretaciones. 

 La apariencia de las modas espirituales solo son esa fuerza momentánea de un novedoso modo; aunque hay que destacar en los últimos tiempos la información es mucho más accesible, y eso por un lado puede favorecer para una investigación seria, pero también al haber tanta información, si no ha surgido mucho amor por la verdad, la posible distracción y despiste puede ser considerable. Todo esto puede ser una parcial mirada, porque los mecanismos de la totalidad en su funcionalidad ya son, y son tal cual Es. 

 La relativización de las modas o modos de ser, puede ser una mirada que indique más certeramente el reconocimiento de Ser. Indagar sobre nuestra intima naturaleza con una mirada crítica y honesta, pero vigilante al embrollo de pensamientos y creencias de todo tipo, es una buena indicación que nunca pasa de moda.

lunes, 24 de marzo de 2014

Nadie quiere ser lo que ya se Es

 El alguien siempre quiere otra cosa o llegar a ser mejor, pues estar satisfecho por el hecho de ser, solo puede ser cuando no hay alguien y solo hay Ser. Las preocupaciones e insatisfacciones mentales son las consecuencias de una separación en la mente del propio reconocimiento de ser, Ser, o todo lo que Es. El hay algo más, y el voy a llegar a ser más o diferente, son aspectos de la separación mental de lo que se Es. 

 Por eso no hay nadie que quiera ser lo que se Es, porque el alguien está separado de lo que se es y para reconocer lo que se es, el alguien de la mente ha de perecer, el reconocimiento a de diluir la idea de ser, por la evidencia de lo que se es, erradicando toda idea de separación individual. Ese alguien lucha intensísimamente por sobrevivir, pues dejar de ser lo que se cree que se es, es la muerte o disolución de la identidad falsa, el alguien no quiere dejar de ser; su potente lucha por “sobrevivir” es camaleónica, tomando diferentes aspectos pero manteniendo su individualismo. 

 Cuando se ve, es muy curioso ver que en la mayor parte de las líneas o exposiciones espirituales, tanto tradicionales como de nueva era, se puede ver ese camaleón del yo individual funcionando a sus anchas, con apariencias de espíritu inmortal, de un mayor amor y bondad existencial luchando contra el supuesto mal, de evolución en dimensiones superiores de seres de luz, de poderes y posibilidades milagrosas, etc.

 El reconocimiento de ser nada y ser todo simultáneamente, y que la identidad solo es “separada” en el sentido absoluto, que es eterna y eso quiere decir sin tiempo, que es inmortal porque es no nacida; realizar la identidad real es la auténtica espiritualidad, y no una identidad independiente que puede trasmutar convirtiéndose en…No es convertirse a…La auténtica espiritualidad es ser lo que ya se Es, y eso es reconocimiento.

domingo, 23 de marzo de 2014

Volviendo al inicio

 Volver a los valores más inmediatos, simples y fundamentalmente básicos, cuando la desilusión llega a su máxima expresión; cuando el mundo de ideas e ideales quedan sin valor, y las ideas son totalmente superfluas y volátiles. La simpleza de ser, en esa plena e inmediata experiencia de vida presenciada y sentida como realidad inmediata del presente. Cuando no hay nada más que esto, lo que es ahora, sin especulaciones mentales, deseos, búsquedas, culpas, o criticas; cuando la inmediatez de lo que se ve y se siente, es este momento presente de siempre, que parecía haberse olvidado pero reconociendo que ha sido siempre, por ser la simplicidad del presente. 

 Volver al inicio de todos los posibles principios y descubrir eso que es sin principio ni fin; el inicio convertido en un ahora permanente, donde los sucesos son sencillamente lo que son, y eso es su espectacular presencia de ser, en la sencillez independiente de toda especulación mental. Ese volver al inicio es la abertura a toda posibilidad, es la posible auténtica libertad, es esa independencia dependiente del cual es todo, en una total libertad de ser, que es todo lo que es ahora. Realmente lo que busca el alguien que se cree ser un yo independiente, de un modo consciente o subconscientemente, es vivir despachurradamente en el inicio de lo que es sin fin ni principió, de todo lo que es Ser ahora, que es verdaderamente Ser.