sábado, 26 de abril de 2014

Libre albedrío

 Parece tan convincente asociar la experiencia de un cuerpo mente a un yo autónomo, con capacidad de decisión independiente, y separado de la experiencia global, con su autoría personal totalmente responsable de sus pensamientos y acciones. Ese yo autónomo se reafirma porque casi toda la información que se recibe va dirigida en esa dirección, el yo soy ese cuerpo mente con libre albedrío, soy esta persona independiente que tú ves, y que yo me experimento como este cuerpo y los pensamientos que tengo, viéndote a ti, el otro que eres tú. 

 La enorme combinación de variables que hace que se produzca una determinada experiencia, más el hecho fundamental de ser consciente o conciencia, que es base y sustrato de toda experiencia, es la realidad evidente de la existencia. Esa evidencia queda difuminada por el filtro mental posterior a esa realidad, las interpretaciones e identificaciones construyen la vivencia o creencia de ser un yo independiente. La investigación seria y reiterativa del supuesto libre albedrío, lleva a comprender que toda experiencia es la combinación de una genética más una circunstancialidad, y que la base de la experiencia es el hecho de ser consciente, que esta intrínsecamente relacionado con la globalidad de toda la experiencia.

 Toda experiencia se está produciendo en este ahora como experiencia y conciencia conjunta. En este sentido el libre albedrío es el conjunto de toda la experiencia, y no una parte independiente, el único posible indicativo de independiente es el hecho de ser consciente. Todas las sensaciones corporales, pensamientos, emociones y objetivaciones de un cuerpo en relación de un espacio y su fuerza gravitatoria, la tierra, relacionándose con cuerpos u objetos, en una sensación de independencia de movilidad; esa vivencia es lo que confunde en un sentido de identificación y asociación de libre albedrío. Pero esa característica de un cuerpo mente que se mueve, se relaciona y asocia pensamiento y acción, forma parte conjunta de lo que llamamos experimentación, siendo una sola experiencia con multitud de variables que se relacionan, y su base constante de conciencia o darse cuenta. Ese indicativo de darse cuenta o ser consciente, es la posibilidad real del reconocimiento de la identidad absoluta que trasciende la misma concienciación.

jueves, 24 de abril de 2014

Planificar la vida

 Planificar el día, el trabajo, las vacaciones, etc… La organización o planificación puede ser muy conveniente funcionalmente, pero la impregnación en la personalidad de la planificación, convirtiéndose en un exceso de exigencia, sintiéndose perdido si no se planifica, exigiendo y exigiéndose el tenerlo casi todo organizado, planificado, puede ser un problema considerable de estrés e intranquilidad. El llegar al sufrir por la posibilidad de que lo planeado falle, o por no poder llegar a hacer, o hacer mal lo planeado podría fácilmente suceder. La persona impregnada de exigencia de planificación, crea y acumula una enorme tensión, en forma de hábito difícil de erradicar. 

 La asociación de la planificación y organización con la identificación personal (ego), suele fácilmente suceder, viviéndose en dos aspectos emocionales fundamentales, como el de inseguridad por creerse con falta de planificación en cualquier aspecto del vivir, o el de preocupante tensión por si falla en cualquier aspecto lo planeado; el yo inseguro, preocupado, estresado, viviendo el ahora en un mundo de posibilidades negativas, o esperanzas de llegar a ser más, o conseguir más. 

 Vivir en la comprensión que la base de la vida es el hecho de ser vida, y eso es reconocer el valor por excelencia del momento presente de ser la vida, sintiendo plenamente la vida ahora, en la inmediatez del presente como presencia de vida directa, aquí y ahora, independientemente y simultáneamente a todo lo que se proyecte o se haga. La planificación más importante es saberse vida en el momento presente, atendiendo lo que haga falta sin perderse mentalmente de esta realidad inmediata de ser presencia sintiente en cada momento. Gozar de la vida es gozar del momento presente sea cuál sea. Y el poder reconocer el momento presente como un ahora que está surgiendo del no tiempo, un ahora que evoca nuestra identidad eterna, ese reconocimiento puede suceder.

lunes, 21 de abril de 2014

Progresión Espiritual

 La progresión en una mayor armonía, aceptación, y alegría de vida, normalmente se puede ver desde el plano de una mayor comprensión psicológica y emocional. Lo que habitualmente se llama madurar, es el pasar de las rabietas, inquietudes y neuróticas actitudes infantiles, a una mayor aceptación de las circunstancias, intentando no poner más problemas a los “inconvenientes” que surjan, intentando gozar más de las cosas sencillas que plantea el vivir. Pero eso no es una progresión en la vivencia espiritual.

 El ir intuyendo y reconociendo que la vida se fundamenta en el hecho de ser consciente, y que eso que llamamos conciencia, lo es todo desde el punto de vista de experiencia, que la experiencia fluye en una constante presente de ser consciente, y que esa misma conciencia es la que está configurando la misma experiencia. El ir comprendiendo o discerniendo la realidad de conciencia, puede parecer una progresividad desde el punto de vista de los valores mentales asociados a la memoria, tiempo y espacio; pero esos mismos conceptos de tiempo y espacio quedan relativizados desde el punto de vista de lo que la conciencia es. 

 En el reconocimiento de lo espiritual como la realidad singular y esencial, o la paradójica evidencia de nuestra autentica naturaleza de Ser, que es lo que podríamos llamar lo espiritual o la identidad real. Ese saber sin conocimientos, como un destello fulminante, independiente de razonamientos o comprensiones mentales, de concienciaciones o valores de ser consciente de… Esa evidencia absoluta de lo absoluto, no tiene progresividad, o es, o no es. Aun siendo siempre lo que es, ese reconocimiento es de una irrefutable claridad. Puede parecer desde la mente que casi se comprende o se tiene un destello de Eso, desde la mente puede parecer el crearse una necesidad de ir muchas veces a ello para tenerlo más claro, y eso puede parecer como progresivo, y necesario para acabar de vivirlo del todo. Pero en realidad la evidencia fulminante es cuando es, o se ve o no se ve, y el casi se ve queda relegado a no se ve. El ir intuyendo puede ser un valor considerable y necesario en la demanda de realidad, pero no se puede decir con claridad que sea progresividad.