jueves, 1 de mayo de 2014

Atención

 La atención y la presencia realmente no puedes ir a ella, solo puedes reconocerla siéndola. Aunque parezca que la atención atiende algo distinto de ella en el mundo de la experiencia, en verdad la atención llega antes que la aparente distancia entre la atención y lo atendido, pues ella ya es aquello allí en forma de aquello en el instante de atender. La atención es la evidencia de la realidad, atención es igual a Ser. Independientemente del grado de “inteligencia” y memoria, la atención es indicativo de conciencia, y la variación de sensibilidad en la experiencia está en ella. 

 La atención o aquello que atiende eres más tú que nada, pues sin eso donde hay nada. La atención es la única verdad para el reconocimiento de la auténtica identidad. La atención es sin esfuerzo, el esfuerzo puede estar en atender, y atender a la atención a veces es un esfuerzo que inevitablemente termina sin esfuerzo. La atención es el maestro, el gurú, la inspiración real, el amor de mis amores, la única “creencia” real, la verdad de todas las verdades, la atención Es. 

 Es imposible no tener atención, pues la atención la somos, lo que sí es posible es atender a muchas cosas y tener muchas interpretaciones mentales, estar en muchas historias, y no reconocer la atención siéndola. La atención o el darse cuenta es lo más simple, si no hay eso no hay “nada”, y eso es imposible, pues aun en la “nada” la atención es en su grado puro de sí misma en sí misma.

martes, 29 de abril de 2014

El no credo

 No creo en nada que no sea esta conciencia presente aquí y ahora, esta inmediata realidad de ser eso que llamo vida. No creo ni en las palabras, pues ellas quieren expresar lo que antes de ellas se es consciente. No creo en ayeres ni mañanas, solo en presentes inmediatos. No creo en ningún dios, en ningún ídolo, en ningún personaje, en ninguna filosofía, ni ninguna verdad más que en el amor que siento presente ahora. No creo en ninguna otra cosa que no sea esta realidad consciente e inconsciente, tan mía siéndola que no hay duda alguna. No creo, pues creer no es necesario en la evidencia de ser lo que se es. No creo en no creer ni en creer, pues antes de no, y si, la globalidad de la conciencia es; esto, eso, es todo lo que es, es lo único que es. No creo más que en esta experiencia de ser consciente, de sentir gozo, placer, dolor, sufrir y trascender. No creo, soy y no soy, siendo.

Radicalidad

 La intransigencia que proviene de la desilusión reiterada, o de creerse poseedor del saber verdadero, y querer tener completa razón del cómo hacer y cuál es el comportamiento correcto a seguir, es uno de los síntomas de la ofuscación por sufrimiento y complejo de inferioridad. La desilusión de ver o verse no suficientemente…y exigir o exigirse ser o ir de…puede acabar en posiciones radicales. 

 Si se ha tenido de pasar por ese estado radical, así ha tenido de ser, pero siempre se puede ver más y mejor. Ver que todo está en cambio, que la hipocresía que vemos es la evidencia del conflicto psicológico y emocional, y que “quien esté libre de “pecado” que tire la primera piedra”, que el sentirse culpable y culpabilizar va unido. Se hace lo que se puede siempre, y dicen con parte de razón, que es de buen nacido ser agradecido, pues agradecer la vida es saber del gozo o amor del vivir, todos hemos gozado, y gozamos aunque hayan problemas. Lo radical en la exigencia, intolerancia y desconfianza, agria nuestro sentir, nuestra inocencia (no ignorancia) por descubrir un ahora pleno, ahora. 

 El ver da comprensión y compasión, también claridad que diluye las etiquetas de culpables y del cómo hay que hacer. Este festival que es la vida está abierto a toda posibilidad, y ser feliz y estar en paz es realmente una buena opción siempre. Lo auténticamente radical es que las cosas son como son, y como son, son Ser; que nuestra realidad más original trasciende todo e incluye todo.

lunes, 28 de abril de 2014

Amor de vida

 Hacer el amor con todo, es convertir toda relación en gozo, la satisfacción, la alegría por el hecho de ser vida es pura coherencia con la vida. La vida quiere vivir porque la vida está enamorada de la vida, tolera y supera todo dolor y sufrimiento por ese mismo amor de ser vida, pues la vida vale la pena vivirla por el amor intrínseco en ella misma. Todo lo que vaya a favor de gozar, disfrutar, alegría, belleza, placer, felicidad; el amar cualquier aspecto del vivir en defensa de un bien común, y en lo posible minimizar e erradicar el dolor o sufrimiento en cualquier circunstancia de la vida, es saber ser consecuente con la vida.

 Inevitablemente el dolor y sufrimiento surgen en la experiencia del vivir, pero es el aspecto que indica el valor mismo del amor de vida. También el egoísmo exacerbado provocando sufrimiento en lo aparentemente lo otro, no es más que el amor despistado y egocentrado. La fuerza de la vida por querer vivir en toda su inmensa pluralidad de aspectos, es el amor de Ser, jugando a ser, sin dejar de ser lo que esencialmente Es. 

 Reconocer el amor como vida, y amar, contemplando y gozando; eso mentalmente es estar alineado con la vida. Reconocer que el amor como vida, proviene, la configura y trasciende la paz absoluta de Ser, el ser en su originalidad eterna, lo que somos idénticamente como Ser; eso culmina nuestra autenticidad.