sábado, 10 de mayo de 2014

Espontáneamente amar y trascender, siendo

 La autenticidad de la experiencia del vivir es propiamente el gusto, o lo lúdico por experimentar. La experimentación está fundamentada en tres principios básicos que se interrelacionan. El componente energético, como acción-actividad. El componente consciencia, inteligencia, como configuración de forma-espacio. Y el componente amor, como sentir-gozar. Estos tres principios (la vida), se pueden ver esencialmente como consciencia en su esencia presencia, como energía en su esencia poder, y como amor, en su esencia felicidad, siendo esta totalidad de experiencia el foco total de potencia de conciencia amándose a sí misma. 

 Cuando se reconoce la verdad de la experiencia, se descubre la espontaneidad constante del Ser siendo. La espontaneidad solo se puede reconocer, no lograr una imaginada espontaneidad personal, y así la mente descansa del titubeo de la identificación, aceptando todo tal cual Es. En este reconocer el tal cual Es, indica constantemente el trascender, pues toda forma o experiencia concreta está en constante cambio, disolviéndose constantemente en su origen sin cambio, la pura esencia de la conciencia. Ser siendo espontáneamente Es, su inmensidad e infinitud de experiencia revela su real eternidad siendo.

jueves, 8 de mayo de 2014

Jugar es una locura

 El juego como la vida misma, es una invención que imagina y provoca una partición, división y configuración para poder experimentar. A partir de unas reglas y posibilidades, permitiendo unas trasgresiones limitadas pero posibles, ya que estas transgresiones son las que van reconfigurando y confirmando la regla. Con las identificaciones claras de que es cada cosa o participante. El participante es el resultado sensible de la partición imaginaria, y se convierte en participación. 

 Ganar y perder es el esfuerzo por mejorar y conseguir ser mejor, el ser mejor es la aparente sensación individual de ser más válido, más capacitado para conseguir lo que se desea, y tener más (cuando en realidad todo forma parte del mismo juego). El juego lo con figura todo lo que en él hay, pero la experiencia individual como participante es fundamental, y el participante y todos los elementos del juego están movidos por la inercia del mismo juego, y jugar es su designio. 

 El juego se basa, o parte de una realidad base, que manifiesta la invención para la experimentación, experimentar es su “leitmotiv” y la experimentación tiene siempre un feed-back de interrelación con su base original, o el origen real de la experimentación, que es no experimentación, si no que es experiencia pura original, como último o único testigo de la experiencia. 

 Reconocerse como el testigo indiferenciado de la experiencia en el mismo juego, es el despertar del saber del juego y reconocerse simultáneamente siendo todo el juego. Eso forma parte del juego, y está más allá del juego de la experimentación. La experimentación es la locura del sí mismo, en sí mismo, para sí mismo, sin dejar de Ser el Sí. Esta locura de la experiencia se puede ver como el Amor del Sí, experimentándose aparentemente fuera de Sí.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Apoyos referenciales

 El hablar en nombre de… O la reiterada indicación de que lo dijo el famoso sabio… La necesidad de apoyarse casi siempre en los dictámenes del maestro que se cree que es reconocido por su sabiduría. La tendencia en parafrasear frases célebres aparentemente elocuentes. En definitiva, la necesidad de que lo se dice concuerda con el sabio fulano de tal, y el necesitar casi siempre el referente de un personaje o escrituras que se tienen como sagradas. Todo esto puede indicar falta de seguridad y desconfianza en el propio ver. Las indicaciones, exposiciones o disertaciones de los demás, deberían de producirnos una mirada para ver y reconocer, y cuando de verdad se ve, lo que se ve y reconoce ya es “nuestro”, es nuestro ver, y un aspecto fundamental de ir viendo y reconociendo es confiar en nuestra visión. 

Diferenciando cada vez más lo que es visión de lo que es creencia. El exceso de idealización personal o de tratados de sabiduría, pueden resultar una limitación para el ver que discierne y comprende. El ver, el comprender y el discernir surge de nuestro centro de Ser, que es la base de ser conscientes o darse cuenta, el hecho de ser presencia viviente.

 Cuando se ha estado recibiendo mucha información, y se ha leído, estudiado, admirado y valorado los conocimientos que sean, percibiendo una cierta saturación, es muy posible y conveniente, que dejemos en parte de lado lo aprendido, y seriamente veamos por nosotros mismos sin apoyos referenciales. Y luego si es necesario exponer sinceramente lo que vemos a nuestra manera, intentando expresar lo que auténticamente se ve. Aunque la investigación sobre tratados o maestros concretos puede ser muy beneficiosa, el liberarnos de apoyos e inseguridades personales, y coger más como referente importante nuestra genuina mirada, eso es lo auténticamente esencial. Pues en esta mirada o ver, vibra el corazón de la verdad, que es lo más auténtico de nuestra visión. 

 Es común ver la gran necesidad de tener referentes, y como se renombran una y otra vez, y muchas veces con interpretaciones muy dudosas, dándolas por hecho como verdaderas. Y todo eso es por falta de aumento y consolidación de nuestra propia visión, siendo inconscientes de ello. La importancia del ver, del comprender y discernir es fundamental, debería de ser el único apoyo, pues es porque lo ves. Y dispuestos a renovar una mirada inocente, descargada de condicionamientos, para comprender siempre desde nuestro darnos cuenta, que es realmente lo que vale la pena reconocer, la evidencia de ser conscientes-conciencia.

martes, 6 de mayo de 2014

Etiquetas

 La mente egoica es tendenciosa a etiquetar, como figuras del pesebre etiqueta a las personas a partir de unas características aparentes, o momentáneas, y realmente la etiqueta es una ridícula limitación mental que intenta identificar, controlar y posicionar maldad y bondad. La persona desde el punto de vista de valores comparativos, es un conjunto de virtudes y defectos, de aciertos y errores, y aunque se puedan apreciar algunas características concretas, los seres humanos aparentemente buenos no son tan buenos, y los aparentemente malos no son tan malos. La mezcolanza es la característica humana, y la vida como virtud es lo que realmente son los seres humanos, este potencial de energía-actividad, amor-gozo y conciencia-inteligencia. 

 En verdad a nadie le gusta que le etiqueten en esto o lo otro, aunque la etiqueta positiva gusta, al final carga y provoca exigencia e hipocresía, creando una sensación de querer huir de ella, y por otro lado estar atrapado a ella. Los ideales son etiquetas deseables, y los cabezas de turco son etiquetas despreciables, tanto unas como otras indican la limitación y complejo de inferioridad que se vive, usando los ideales como compensación de nuestra idea negativa, y los cabezas de turco para compensar nuestra ira y la culpa que genera la idea negativa de nosotros mismos.

 El ego como identificación no es más que una etiqueta, a veces muy negativa con proyecciones positivas, y otras simplemente limitada y errónea. El ser humano no es una etiqueta, es la expresión del Ser-Conciencia que es su real identidad, es la sensible experiencia del amor, de la potencia, y la inteligencia en forma humana, es en realidad como experiencia toda su consciencia. Pero es como esencia la eternidad misma, la absoluta realidad espiritual.

domingo, 4 de mayo de 2014

Presumir

 Normalmente el pre… que es antes de algo, en el caso de la palabra pre-sumir parece antes de asumir un hecho, el presumir de algo que es, o que no es, es síntoma de necesidad de conseguir o de demostrar, y no deberíamos confundir el no “ser” presumido, con “ser” dejado, pues la dejadez indica un pasotismo apático que anula el gusto por vivir y compartir. 

 El presumir como indicativo de un exceso de intentar gustar, el presumir de tener conocimientos, de ser inteligente, de ser fuerte, de posibles infinitud de virtudes, o ser más que… aunque sea en negativo, esto normalmente indica ideas que se tienen de uno mismo en deficiencia o negativas, “dime de que presumes y te diré de que careces” o mejor dicho de que crees que careces. Es evidente que como ser humano se puede tener necesidad de algo, y es posible que al haber tenido necesidad, cuando se obtiene lo deseado aunque sea poco, se presuma, pero esto indica falta de madurez o sabiduría de vida. 

 El orgullo presuntuoso esconde una demanda de totalidad, que la identificación nunca puede satisfacer, pues sino se reconoce la identificación o ego y se trasciende reconociendo nuestra autentica naturaleza de Ser, el bucle de la demanda de lograr ser más es insaciable, a veces viviendo el ser menos y otras el casi ser más, para volver a la presunción, así en un ciclo casi inacabable. 

 La humildad necesaria para el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza, no consiste en creerse la idea negativa de sí mismo, ni el ir de poca cosa, si no la sencillez y el discernimiento que permita investigar la conciencia y la vida como una misma cosa. Humildemente reconociendo lo más sencillo y simple de la vida, y lo más complejo y majestuoso, todo formando parte de lo que Es, sabiendo que toda forma y cualidad pasa, y nada permanece, que lo único que se podría decir que “permanece” es aquello que es más allá del tiempo y espacio, nuestra autentica naturaleza de ser sin atributos, que lo incluye todo y lo trasciende todo. La simplicidad instantánea de nuestra auténtica realidad así Es, y es esa simplicidad justamente lo que la hace difícil de reconocer para la mente que busca y se identifica. Ese reconocimiento es realmente la humildad de ser lo que somos, sin presumir ni falsas presunciones.