jueves, 3 de julio de 2014

Aumento de visión y relativización

 Parece que el aparente gesto o “esfuerzo” por ver más (comprender, discernir), y paralelamente el aparente aumento de la sinceridad, da un estímulo o direccionalidad con sus experiencias consecuentes, que parecen retroalimentar el ver, favoreciendo a ver y sincerarse más. Todo ello como un ciclo de ver-interés-voluntad-“practica”-ver más. El darse cuenta o el ver, que no solo es interesante por lo que se ve o da cuenta, si no por el reconocimiento del hecho de que se está dando cuenta, o el ver en sí mismo. Esta visión que llega a reconocerse en todo, y aparte de todo sin dejar de ser la esencia del ver, independientemente de su reconocer. Es fascinante su reconocimiento por su relativización que otorga a todo, simultáneamente ese todo sintiéndose y experimentándose con tanta intensidad, la vida o conciencia. 

 El aumento de visión está interrelacionado con dejar que las cosas sean tal cual son, en lo que se podría decir contemplación. Esta contemplación es mantener el mirar para ver lo que es, así también la posibilidad de reconocer el mismo ver, que se evidenciará como el único sujeto, testigo, o identidad constante en toda visión. Comprendiendo que todo lo que se ve en el instante, es una unión entre el ver y lo visto, pero reconociendo que la esencia del ver es la realidad que otorga relatividad, o también podemos llamarla realidad relativa. 

 La relativización es el saber que el experimentar es un juego, el amor por jugar, y el juego de amar la vida, o la vida como amor en sí misma, y en ella se entremezcla también dolor y sufrir, que no podemos dejar de evidenciar en este experimentar. Relativizar es no tomarse nada en serio, aun en la seriedad de todo sufrir, relativizar puede surgir (“suerte que no hay dolor o inquietud que 100 años dure”), en esta mezcla de su intensidad y su relatividad. Este relativizar toma viva experiencia en el contemplar en cualquier experimentar del vivir. “Deseando” el don de relativizar si aparece cualquier mal estar. El don de relativizar, es el don del contemplar, que otorga el comprender, que el experimentar inherentemente quiere experimentar, y su amor tolera y soporta todo sufrir. 

 En todo ese exponer, la realidad que es base de toda relatividad, está inafectada y es independiente a toda posibilidad, pues la realidad eterna de Ser que somos, se puede reconocer como independiente y trascendente de toda experimentación, a eso siempre siendo, reconociendo o sin reconocer Ser.

martes, 1 de julio de 2014

Sucediendo se hace lo que se puede

 La lucha, el enfado, o el querer que las cosas sean de una determinada manera, todo ello forma parte del suceder de las cosas. Reconocer que el suceder es lo que es el Ser como experiencia, y que en este suceder puede vivirse un intenso contraste de agradable o desagradable, porque así son las bases de la experiencia, otorga en el suceder una abertura que integra sin residuos mentales el suceder de las cosas. Asimilar lo que Es, como experiencia, en la evidencia de lo que Es, como esencia, es el fluir de este suceder, que realmente es aceptar totalmente lo que está sucediendo. 

 Todo lo que está sucediendo es lo que puede suceder, poder y suceder es lo mismo en el ahora. La posibilidad es inmensa, pero el suceder del ahora es su experiencia posible. Siempre se está haciendo lo que se puede, aunque aparezca el pensamiento “hubieras” podido hacer, o hubiera podido pasar otra cosa, esta otra cosa es en el ahora una propuesta que aparece, pero nuca hubieras podido hacer, o suceder otra cosa. En primer lugar porque el suceder depende de la totalidad y no de la aparente personalidad, la aparente persona, en su aspecto funcional, forma parte de esa totalidad como experiencia, y por supuesto no está aparte de ella. 

 Todas las propuestas para favorecer el vivir y disminuir el sufrir, con sus consecuentes quehaceres, están muy bien. Pero saber íntegramente del suceder como Ser, es un muy buen favorecer al vivir y disminuir el sufrir, pues una gran parte de sufrir es debido a la carga de culpa de la arrogancia de un “yo” interpretado, que se exige y exige, se culpabiliza y culpabiliza, con sus miedos e irascibilidades. Saber bien que se hace lo que se puede, que no se puede hacer mejor, liberarse del miedo del control y la exigencia puede suceder. 

 Esta gran carga del pensamiento del sobre esfuerzo, estos ideales de esforzarse mucho para conseguir otros ideales, este pensar del querer ser más, o mejor que…Inculcada o educada la mente en estos principios de valor, menospreciando o pasando por alto el respeto a todo ser por el hecho de Ser, y el reconocer la sencillez de la esencia de Ser, el amor, e inmensidad de la totalidad de la realidad que somos ahora, sin esfuerzo solo siendo, pues el haciendo va surgiendo quiera o no el aparente “yo”. Se hace siempre lo que se puede, esto puede reconocerse en este sucediendo.