domingo, 3 de agosto de 2014

Dolor y sufrimiento

 Si diferenciáramos el dolor del sufrimiento, el dolor lo atribuiría directamente al dolor fisiológico (cuerpo físico), y el sufrimiento a lo psico-emocional (pensamiento, emoción). Aunque se pueden interrelacionar, el dolor provocar sufrimiento amplificando aparentemente el mismo dolor, y el sufrimiento somatizándose en dolor, también se pueden claramente diferenciar. 

 La vida o la experiencia de la conciencia, con lleva intrínsecamente el contraste y el cambio experimental, y eso trae inevitablemente dolor y en parte sufrimiento. El dolor como indicativo de alerta a una problemática estructural, y el sufrimiento como posible indicación de prevención circunstancial. 

 El “problema” más destacable en el ser humano es el sufrimiento, pues el sufrimiento es consecuencia de la capacidad de “pensar” y recordar, en el sentido de mayor posibilidad de absorber información (experiencia), interrelacionar información, y transformar información en nueva información. Conjuntamente con el componente intelectivo de ser consciente de que se es consciente, en este estado especial de ser consciente, se ubica un punto de referencia subjetiva (cuerpo-mente) como identificación de ser, y a partir de ahí referenciar, describir y evaluar toda la experiencia. 

 Esta capacidad intelectiva, ha provocado el identificarse completamente como sujeto relacionado con valores de méritos y deméritos, en un mundo de comparaciones e ideales, todo ello asociado a un cuerpo, nacimiento, experimentación y muerte. Normalmente la experiencia humana “hasta ahora” desde un punto de vista general, no reconoce que a lo que llama sujeto (el yo personal) es en realidad un objeto más de percepción (una imagen), y el sujeto más real, si entendemos como sujeto la diferencia totalmente opuesta de objeto, es el hecho de darse cuenta o ser consciente simultaneado con ser consciente de… Aunque la singularidad experimental siempre ésta influenciada por el mal llamado “sujeto” o falsa identidad, que en realidad también es un sujeto de experiencia, la noción de darse cuenta, presencia, o ser consciente, es siempre la misma en la experiencia. 

 Cuando se reconoce ese darse cuenta o presencia, y se vive más siendo realmente eso como sujeto, entonces se adquiere la capacidad de relativizarlo todo en su justa medida, pues la evidencia del referente de cuerpo mente está ahí con su relevante funcionalidad en el experimentar (la vida). Esta capacidad de relativizar, disminuye considerablemente el sufrimiento, pues la aceptación global aparece en escena, conjuntamente con el entendimiento de que cada experiencia viene dada por la totalidad del conjunto de variables, y el falso sujeto, forma parte de esas variables, y para nada es independiente a ellas. 

 Aunque el falso sujeto se confunda como nuestra subjetividad en la particularidad del experimentar, y esté configurado por lo que indicamos como nuestra personalidad, esta personalidad es la que es, con sus características singulares, y pretender cambiarla o que desaparezca, puede ser un gran error para relativizar y disminuir el sufrimiento. El reconocimiento de presencia, asentándose en él, y la comprensión de la ilusoria exclusiva autoría personal, tiene la consecuencia de relativizarlo todo, sin necesidad de cambiar nada, en una especial aceptación de lo que Es, por Ser. 

 La demanda de un reconocimiento “total” de esa presencia de Ser, nos lleva a una paradójica y especial evidencia de eterna realidad, indescriptible pero evidenciable siéndola. Esta idéntica realidad eterna, donde tiempo y espacio son, se la podría nombrar como nada desde el punto de vista de contraste a todo, pero no es una nada imaginada como un algo que es nada. Esa “nada” es la realidad indescriptible, que da cohesión a presencia y experiencia siendo todo como consciencia.