lunes, 15 de septiembre de 2014

Quien puede ponerse de acuerdo...si no el amor

 La aceptación es la libertad de libertades, y la aceptación es el consenso de las posibilidades. El consenso de las posibilidades es el fluir de lo que es ahora. En el ser humano surge el amor inspirador por la constante demanda de abertura y sensibilidad, que intuye la posibilidad de consensuar las reclamas individuales en el respeto compartido. Pues este consenso es la expresión del amor intuyéndolo como la conciencia de unidad en la multiplicidad.
 
  Esta fuerza del amor que es compasión, comprensión, y des culpabiliza, pero que también es firmemente respeto compartido, pues su poder es amar la vida, dando la vida por la vida, pues amor es vida. El amor real es siempre toda posibilidad por amar lo que es, aceptando, irradiándose y trascendiendo toda experiencia en su paz original. La paz original trasciende toda experiencia en Aquello que cohesiona toda posibilidad por ser la absoluta realidad.
 
  La transgresión del respeto por toda forma de vida esta entrelazada por el dar vida (la muerte de la forma) a la vida, el sacrificio de las formas individuales de vida por la vida misma como totalidad. Pero el ser humano sintiendo y comprendiendo el amor, su posibilidad está abierta para realizarlo y trascenderlo en su origen. Esta posibilidad provoca la purga de la identificación producida por la vida misma, con sus agregados que son la culpa, la vergüenza, la tristeza, la exigencia e intransigencia, el miedo, el deseo despistado, la angustia y la arrogancia. El amor insiste una y otra vez mostrando lo que es, tal cual es, la verdad de este juego de experimentar y trascender, pues todo ser humano intrínsecamente busca la felicidad de la paz de Ser, y el vivir el reconocer del estar siendo amor.