jueves, 12 de febrero de 2015

Amistad

 Dejando fluir la espontanea sinceridad, una vez liberado todo egoísmo manipulador y estratega, solo entonces puede nacer la auténtica amistad.

  Cuando la culpa, los miedos, la exigente intolerancia y la vergüenza no interponen la relación personal, solo entonces puede surgir la auténtica amistad.

  Cuando la fidelidad está en el corazón y no en moralinas hipócritas y pactos de pérdidas y ganancias, solo entonces puede surgir la auténtica amistad.

  Cuando en el reconocimiento de que tú y yo somos nada, y solo compartimos esta experiencia surgiendo de nuestro humilde no saber, solo entonces puede surgir la auténtica amistad.

  Cuando en el compartir no hay categorías personales, aunque sea en lo más necesitado, tanto en compartir lo espiritual o material. Sabiendo que por una parte somos la vida contemplada, y que por otra somos esto que siendo es desconocido y nos hace verdaderamente ser uno en esencia, solo entonces puede surgir la auténtica amistad.

  Cuando el rol personal que disponen las circunstancias, no se interpone en el respeto cariñoso por la libertad de la vida expresándose, solo entonces puede surgir la auténtica amistad.

  Cuando la disponibilidad por la ayuda necesaria está asegurada, y la ayuda no surge de intereses neuróticos o engaños egocéntricos, solo entonces puede surgir la auténtica amistad.

  Aunque todos estos indicativos y seguramente algunos más pretenden describir la auténtica amistad, la auténtica amistad solo puede surgir en un estado humano de Ser, libre del personaje egoísta, reconociendo la vida como juego y amor, en la libertad y el respeto de dejar Ser.